Recuerdo que tiempo atrás un colega, a raíz de algunos logros que estaba consiguiendo en mi carrera profesional me cruzó con la siguiente frase “...mira, más importante que poner el huevo es cacarearlo”, atendiendo a que en mi gestión no importaba que tan bien lo hiciera, sino cuanto lo comunicara a mis superiores y a los líderes oportunistas de opinión.
Bueno como es mi naturaleza no seguí aquel consejo, ya que siempre he mantenido la convicción que los hechos hablan por si solos. Como corolario puedo contar que hoy él tiene mi puesto y se preocupa de cacarear sus huevos. Si bien es cierto esta experiencia me ha ha dejado un sabor amargo, no me arrepiento de mi proceder.
Vivimos al parecer en una sociedad que pone mucho énfasis en la forma y poco en el contenido. Nuestra farándula está llena de personajes que no cantan, no bailan, no actúan y que ni siquiera son simpáticos, pero destilan a los medios hasta sus intimidades más escabrosas, requisito único para que sean invitados permanentes a cuanto evento, programa o show televisivo se presente y llenen portadas de los diarios que se nutren de las banalidades. Lo cierto es que debo admitir que funciona, ya que recientemente hemos asistido a la elección de concejales donde incluso algunos de aquellos, sin ninguna muestra de alguna capacidad mínima para cumplir las metas que se avecinan, han sido elegidos para ocupar cargos públicos.
Ahora que estamos pasando por una gran crisis, no sólo económica sino cultural, intelectual y política, quizás es tiempo de preguntarnos, si nuestra conducta hacia la sobreexposición, en desmedro del producto es lo que realmente nos ha conducido al desastre.
La debacle económica partió de la llamada “Crisis SubPrime”, ¿que pasó?, los especuladores “cacarearon” las bondades del sistema de libre mercado más allá de sus capacidades y cuando los bancos aseguradores se dieron cuenta, “los huevos no alcanzaban ni para hacer media tortilla”.
Ejemplos hay muchos, desde la gestión edilicia de Joaquín Lavín en Las Condes que inauguró un estilo de amplio cacareo-medial, que lo llevó incluso a postular con gran éxito en la campaña por ocupar la máxima autoridad legislativa del país. Bomballet, que cacareó con gran entusiasmo los errores de sus pares en el fútbol profesional, y cuando se le dio la oportunidad de mostrar lo suyo, decepcionó por el tamaño y la producción de sus huevos...
Pero no todo ha sido fracaso, han existido grandes cacareadores. Gary Kildall, un oscuro genio de la industria del software creó en los albores de los 80´un sistema operativo capaz de servir de interfase entre el hombre y la máquina el CP/M, del cual Tim Paterson copió o simplemente transcribió al QDOS (de “quick and dirty operating system”), sistema que Microsoft, terminó vendiendo a IBM y que permitió al “Bueno de Bill”, sentar las bases de su imperio, quizás la cacareada más exitosa de la historia, a pesar del rotundo fracaso de Windows Vista, Microsoft sigue siendo el líder mundial en la venta de software. Kildall, falleció en 1994, sin que su hijo, el sistema operativo más difundido en el mundo, le reconociera.
Anoche asistí a un concierto, Joan Manuel Serrat, cantó con una guitarra, un pianista, un sonidista y un ayudante. Salíó de improviso saludó y comenzó a cantar sus canciones que fueron coreadas por un público respetuoso, nadie lo presentó, sólo salió a cantar, pero lo que logró fue realmente mágico, habló de su madre Angeles, hizo uso de sus acostumbrados “proverbios orientales” y me regaló una noche llena de talento, sabiduría y sencillez. Serrat no cacacarea, sólo canta, basta su presencia su voz y su calidad. No pude abstenerme de hacer la comparación con el cacareado show de Madonna con más 70 toneladas de equipamiento que debe ser transportado en 40 camiones. Intimamente me sentí bien de adherir al grupo de FaceBook, creado por mi amigo Rodrigo Menchaca: “Yo no voy a ver a Madonna, ni aunque me paguen”.
Los publicistas, somos los “cacareadores por excelencia”, es más lo somos de huevos ajenos y también padecemos del rol de anonimato, cuando voy al supermercado y veo productos con envases creados el largas noches de insomnio y que ahora contienen a marcas de reconocido prestigio, sólo tengo el consuelo de contarle a mis hijas que aquello “lo creó su papá” y su orgullo de verdad, vale la pena vivirlo.
martes, noviembre 18, 2008
DISEÑANDO LO FEO, LA CULTURA KITSCH*
*Kitsch: voz alemana. adj.-s. Estética burguesa u objeto de mal gusto
A pesar de las voces que no terminan de hablar de nuestra cultura globalizada, de las tiendas de diseño y tendencias que brotan día a día en la capital y de las excelentes publicaciones de Arquitectura y Decoración que ofrecen tanto El Mercurio como La Tercera. El Chileno medio y también de los estratos más acomodados, son fieles consumidores de la “estética del mal gusto” o Kitsch
Fenómeno que se expresa desde los domingueros “bermudas” con zapatillas y medias deportivas de los habitués a los malls, hasta artículos de alto costo como computadores, relojes y vehículos, en los que al parecer los fabricantes han hecho lo posible por afearlos hasta el extremo.
El buen gusto al parecer, no es una condición innata, se aprende y se cultiva, en cambio el mal gusto es definitivamente un don genéticamente dominante.
Para Elena Moreno, estudiante de Doctorado de la Universidad Austral, el Kitsch se asocia “al desarrollo del mercado de consumo masivo, tanto así que los teóricos e intelectuales lo ven como el hijo natural de la modernidad. Lo kitsch aparece en la historia en el momento en que la belleza en sus diversas formas es distribuida socialmente”
El Kitsch puede incluso sobrepasar las fronteras del mal gusto y transformarse en arte de vanguardia, Andy Warholl, ícono de la Cultura Pop, propone en sus obras una real trasgresión a la estética de los museos y lleva lo feo hasta estratos sublimes, generando una propuesta plástica de indudable valor artístico-sociocultural.
Mi visión sobre el tema es propositiva. Creo que es tiempo de hacer un concurso, y ¿por qué no?, una bienal de lo más feo de nuestro medio. Como no existe tal evento me he permitido hacer de “curador” y plantear un “short list” y premios bronce plata y oro:
SHORT LIST
1. La colección de vestuario de Cecilia Bolocco
2. El peinado de Arturo Vidal y Rafael Araneda (empate)
3. Los pantalones de mujer de tiro corto con “charchitas al aire”
4. Todo lo de Barbie
5. Las Hawayanas con terraplén
6. Los autos compactos “tuneados (enchulados)”
7. Los departamentos piloto con camas “galleteadas”
8. Toda la imaginería religiosa
9. Las zapatillas Nike “Shox”
10. Los muebles de pino Oregón
BRONCE
• El gatito chino que “saluda”
PLATA
• El monumento a los pueblos aborígenes de la Plaza de Armas
ORO
• Las fuentes de agua eléctricas
GRAND PRIX
• La Van SsangYong “Kyron”
Como es altamente posible, pude haber dejado sin mencionar algunas “joyitas”, lo que da pié a la contribución de nuestros lectores y el día de mañana, quizás podamos terminar desarrollando un gran concurso con premios y todo. Los galardones podrían incluso ser donados por los propios “nominados”.
A pesar de las voces que no terminan de hablar de nuestra cultura globalizada, de las tiendas de diseño y tendencias que brotan día a día en la capital y de las excelentes publicaciones de Arquitectura y Decoración que ofrecen tanto El Mercurio como La Tercera. El Chileno medio y también de los estratos más acomodados, son fieles consumidores de la “estética del mal gusto” o Kitsch
Fenómeno que se expresa desde los domingueros “bermudas” con zapatillas y medias deportivas de los habitués a los malls, hasta artículos de alto costo como computadores, relojes y vehículos, en los que al parecer los fabricantes han hecho lo posible por afearlos hasta el extremo.
El buen gusto al parecer, no es una condición innata, se aprende y se cultiva, en cambio el mal gusto es definitivamente un don genéticamente dominante.
Para Elena Moreno, estudiante de Doctorado de la Universidad Austral, el Kitsch se asocia “al desarrollo del mercado de consumo masivo, tanto así que los teóricos e intelectuales lo ven como el hijo natural de la modernidad. Lo kitsch aparece en la historia en el momento en que la belleza en sus diversas formas es distribuida socialmente”
El Kitsch puede incluso sobrepasar las fronteras del mal gusto y transformarse en arte de vanguardia, Andy Warholl, ícono de la Cultura Pop, propone en sus obras una real trasgresión a la estética de los museos y lleva lo feo hasta estratos sublimes, generando una propuesta plástica de indudable valor artístico-sociocultural.
Mi visión sobre el tema es propositiva. Creo que es tiempo de hacer un concurso, y ¿por qué no?, una bienal de lo más feo de nuestro medio. Como no existe tal evento me he permitido hacer de “curador” y plantear un “short list” y premios bronce plata y oro:
SHORT LIST
1. La colección de vestuario de Cecilia Bolocco
2. El peinado de Arturo Vidal y Rafael Araneda (empate)
3. Los pantalones de mujer de tiro corto con “charchitas al aire”
4. Todo lo de Barbie
5. Las Hawayanas con terraplén
6. Los autos compactos “tuneados (enchulados)”
7. Los departamentos piloto con camas “galleteadas”
8. Toda la imaginería religiosa
9. Las zapatillas Nike “Shox”
10. Los muebles de pino Oregón
BRONCE
• El gatito chino que “saluda”
PLATA
• El monumento a los pueblos aborígenes de la Plaza de Armas
ORO
• Las fuentes de agua eléctricas
GRAND PRIX
• La Van SsangYong “Kyron”
Como es altamente posible, pude haber dejado sin mencionar algunas “joyitas”, lo que da pié a la contribución de nuestros lectores y el día de mañana, quizás podamos terminar desarrollando un gran concurso con premios y todo. Los galardones podrían incluso ser donados por los propios “nominados”.
EL INSIGHT DEL AMOR…
Es un hecho que gran parte de las ideas publicitarias nacen del concepto amor, pareja, conquista, desamor (el perrito de Bridgestone, premio en Cannes), y eso pasa porque inevitablemente nuestras vidas giran en torno a los sentimientos y la atracción hacia el sexo opuesto. Pero es sano preguntarse si los publicistas hemos profitado más de lo necesario de esta necesidad primigenia de amar y ser amado o si hemos encontrado un insigh inagotable, que nos sirvió incluso para inventar la “cuchufleta del día de los enamorados”. Bueno, entonces es momento de preguntarnos, al margen de comerciales de chocolate, de detergentes que presentan a una mina que es feliz sólo porque “lavamax” deja más blanca la ropa, honestamente ¿qué es realmente el amor?
Best Seller de Best Sellers, el amor aún en esta época de extremo materialismo sigue siendo tema inagotable para la publicidad, la literatura y la música. Noticia del mundo farandulero y del otro, desgracia de quienes mueren o matan por él, ambición de aquellos que aspiran a alcanzarlo y autodestrucción de quienes lo padecen. Por lo menos así da cuenta la bella canción compuesta por el trovador cubano Pablo milanés, “eso que llaman amor, para vivir...”
Por el lado de la literatura, Eduardo Barrios, describe en forma magistral la sintomatología del amor, en su novela “El niño que enloqueció de amor” obra metafórica que coloca como portador del síndrome, al pequeño protagonista que sufre de un amor terminal por Angélica, cuestión que inevitablemente concluye con su trágica e inexplicable muerte.
El año 2005, el psicólogo clínico inglés Frank Talliss, de la clínica neurológica de King's College, nos devela el misterio al lanzar su libro: “Love Sick” (Mal de amor) que propone una tesis paradojal y provocativa: el amor es en realidad, la manifestación de una enfermedad mental para la cual no tenemos ninguna cura. Aclarando, o no el tema, lo interesante de su tesis es que pone en el tapete una verdad de la que muchos entendidos ya sospechaban.
Tallis, expresa su incredulidad frente a una patología que muchos pacientes han padecido siendo diagnosticados por médicos o psicólogos de depresión o ansiedad, cuando en realidad padecían de: enamoramiento.
El amor según nuestro amigo inglés, no es una manifestación racional, situándola dentro de lo absolutamente emocional e irracional que corresponde, a la necesidad primigenia del Homo Sapiens de resguardar la especie. Por tal motivo, indica, que su período de incubación se resume en sólo de dos a tres años, tiempo más que que suficiente para llevar a cabo el proceso reproductivo y el cuidado primario de la prole. Pasado este tiempo o se renuncia a beber diariamente el cáliz amargo del éxtasis en retirada, accediendo a un estado de sano compañerismo, o se pasa a la etapa de la infidelidad, cuadro que, según Talliss describe a seres evolucionados que han vencido la enfermedad y son capaces de vivir plenamente su sexualidad.
Es esperable y lógico que apoyar la tesis de Tallis provoque algunos “pruritos emocionales”. Pero creo legítimamente que su diagnóstico es verdaderamente acertado, o dicho en otro tono, lo más inteligente que he leído al respecto. Está experiencialmente comprobado que siempre es un alivio para los pacientes el conocer claramente su diagnóstico, en este caso, para muchos quienes han padecido de desengaños y fueron tratados de depresión, sufriendo en carne viva por quienes en realidad, nunca valieron realmente la pena.
Si revisamos la historia, el “mal de amor”, enamoramiento, “calentura” para muchos, ha resultado ser nefasto, incluso para pueblos enteros. Homero es uno de los primeros en narrar la tragedia humana que se esconde detrás de la acción de Paris, joven troyano que enferma de enamoramiento por Helena, esposa de Melenao y la rapta, el esposo, rey aqueo emprende una guerra de ultramar por recuperar a la infiel Helena, empresa que deja a la “Guerra de las Malvinas” relegada a un incidente menor. Para acortar el ejemplo, todos sufren, muchos mueren sin ni siquiera conocer a la susodicha (ni verle una pechuga, por lo menos), y como corolario, dos pueblos enteros son destruidos, devastados, aniquilados.
No menos interesante por lo sabio, resulta ser Sir William, quien en su obra “Los Amantes de Verona”, tiene la genial idea de matar a los protagonistas “post polvum” y de esta manera preservar al enamoramiento en el clímax de su consumación. Un “gentleman” como ya no quedan, Sir Williams no se hubiera rebajado jamás, a narrar por ejemplo el caso de un príncipe contemporáneo que le cuenta por teléfono a su amante que quiere ser un Tampax... (o será que los ingleses han extremado el uso del “placement”)
Otros han sido más caústicos como Ortega quien describe el síndrome como “un estado de imbecilidad transitorio”, o Jacinto Benavente: el amor es como Don Quijote, cuando recobra el juicio es para morir.
De acuerdo a estudios clínicos iniciados por Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, el “enamoramiento” corresponde al desencadenamiento a nivel cerebral de feniletilamina sustancia que actúa a nivel de neurotrasmisores que producen Dopamina, norepinefrina y oxiticina. Estos compuestos combinados dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño. Nota al margen: el chocolate contiene abundante feniletilamina.
El problema sobreviene cuando la “droga del amor” se termina, ya que, como adelanté, su actividad perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, por el errado sentido que nos dice que aquello es eterno… pero para ser exactos, debemos admitir que al final la atracción bioquímica decae. La fase de atracción no dura para siempre. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a las manifestaciones más racionales de compañerismo, afecto, tolerancia y deseo de formar y criar a una familia. Pero esta si que es una empresa encomiable ya que siempre estará presente el tan humano egoísmo y entonces, seremos capaces de pisotear todo lo que amábamos y respetábamos sólo por conseguir más droga..., independientemente de detergentes, chocolates, perfumes, días “R”, “X” o “Z”
El amor es ciego, el matrimonio le devuelve la vista. Gran frase pero publicitariamente inviable.
Best Seller de Best Sellers, el amor aún en esta época de extremo materialismo sigue siendo tema inagotable para la publicidad, la literatura y la música. Noticia del mundo farandulero y del otro, desgracia de quienes mueren o matan por él, ambición de aquellos que aspiran a alcanzarlo y autodestrucción de quienes lo padecen. Por lo menos así da cuenta la bella canción compuesta por el trovador cubano Pablo milanés, “eso que llaman amor, para vivir...”
Por el lado de la literatura, Eduardo Barrios, describe en forma magistral la sintomatología del amor, en su novela “El niño que enloqueció de amor” obra metafórica que coloca como portador del síndrome, al pequeño protagonista que sufre de un amor terminal por Angélica, cuestión que inevitablemente concluye con su trágica e inexplicable muerte.
El año 2005, el psicólogo clínico inglés Frank Talliss, de la clínica neurológica de King's College, nos devela el misterio al lanzar su libro: “Love Sick” (Mal de amor) que propone una tesis paradojal y provocativa: el amor es en realidad, la manifestación de una enfermedad mental para la cual no tenemos ninguna cura. Aclarando, o no el tema, lo interesante de su tesis es que pone en el tapete una verdad de la que muchos entendidos ya sospechaban.
Tallis, expresa su incredulidad frente a una patología que muchos pacientes han padecido siendo diagnosticados por médicos o psicólogos de depresión o ansiedad, cuando en realidad padecían de: enamoramiento.
El amor según nuestro amigo inglés, no es una manifestación racional, situándola dentro de lo absolutamente emocional e irracional que corresponde, a la necesidad primigenia del Homo Sapiens de resguardar la especie. Por tal motivo, indica, que su período de incubación se resume en sólo de dos a tres años, tiempo más que que suficiente para llevar a cabo el proceso reproductivo y el cuidado primario de la prole. Pasado este tiempo o se renuncia a beber diariamente el cáliz amargo del éxtasis en retirada, accediendo a un estado de sano compañerismo, o se pasa a la etapa de la infidelidad, cuadro que, según Talliss describe a seres evolucionados que han vencido la enfermedad y son capaces de vivir plenamente su sexualidad.
Es esperable y lógico que apoyar la tesis de Tallis provoque algunos “pruritos emocionales”. Pero creo legítimamente que su diagnóstico es verdaderamente acertado, o dicho en otro tono, lo más inteligente que he leído al respecto. Está experiencialmente comprobado que siempre es un alivio para los pacientes el conocer claramente su diagnóstico, en este caso, para muchos quienes han padecido de desengaños y fueron tratados de depresión, sufriendo en carne viva por quienes en realidad, nunca valieron realmente la pena.
Si revisamos la historia, el “mal de amor”, enamoramiento, “calentura” para muchos, ha resultado ser nefasto, incluso para pueblos enteros. Homero es uno de los primeros en narrar la tragedia humana que se esconde detrás de la acción de Paris, joven troyano que enferma de enamoramiento por Helena, esposa de Melenao y la rapta, el esposo, rey aqueo emprende una guerra de ultramar por recuperar a la infiel Helena, empresa que deja a la “Guerra de las Malvinas” relegada a un incidente menor. Para acortar el ejemplo, todos sufren, muchos mueren sin ni siquiera conocer a la susodicha (ni verle una pechuga, por lo menos), y como corolario, dos pueblos enteros son destruidos, devastados, aniquilados.
No menos interesante por lo sabio, resulta ser Sir William, quien en su obra “Los Amantes de Verona”, tiene la genial idea de matar a los protagonistas “post polvum” y de esta manera preservar al enamoramiento en el clímax de su consumación. Un “gentleman” como ya no quedan, Sir Williams no se hubiera rebajado jamás, a narrar por ejemplo el caso de un príncipe contemporáneo que le cuenta por teléfono a su amante que quiere ser un Tampax... (o será que los ingleses han extremado el uso del “placement”)
Otros han sido más caústicos como Ortega quien describe el síndrome como “un estado de imbecilidad transitorio”, o Jacinto Benavente: el amor es como Don Quijote, cuando recobra el juicio es para morir.
De acuerdo a estudios clínicos iniciados por Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, el “enamoramiento” corresponde al desencadenamiento a nivel cerebral de feniletilamina sustancia que actúa a nivel de neurotrasmisores que producen Dopamina, norepinefrina y oxiticina. Estos compuestos combinados dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño. Nota al margen: el chocolate contiene abundante feniletilamina.
El problema sobreviene cuando la “droga del amor” se termina, ya que, como adelanté, su actividad perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, por el errado sentido que nos dice que aquello es eterno… pero para ser exactos, debemos admitir que al final la atracción bioquímica decae. La fase de atracción no dura para siempre. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a las manifestaciones más racionales de compañerismo, afecto, tolerancia y deseo de formar y criar a una familia. Pero esta si que es una empresa encomiable ya que siempre estará presente el tan humano egoísmo y entonces, seremos capaces de pisotear todo lo que amábamos y respetábamos sólo por conseguir más droga..., independientemente de detergentes, chocolates, perfumes, días “R”, “X” o “Z”
El amor es ciego, el matrimonio le devuelve la vista. Gran frase pero publicitariamente inviable.
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